Villa Vásquez, Un Pueblo Florido Y Paciente De La Provincia De Montecristi, Hoy Impregnado Por La Política Entre La Justicia Y El Dolor.

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Por: Anyelo Alberto Santos

“Ser y no ser, ésa es la cuestión” ((Hamlet) William Shakespeare 1564-1616).

Villa Vásquez es un lugar encantador y el principal de los municipios de la provincia de Montecristi. Hoy en día este acogedor y caluroso pueblo ha sido empapado nueva vez por la política entre la búsqueda de la justicia y el dolor, ya que el celo por la honradez ha segado la razón de uno de los personajes más destacado de dicha localidad, como es la figura del alcalde Domingo de Jesús Rivas.

Al igual que muchos de los munícipes de Villa Vásquez, me he quedado sorprendido en el momento en que dicha noticia hizo eco en mis oídos, ya que, en verdad, es chocante saber que un ser humano pueda atentar con su vida cuando un fin no ha de justificar el medio por el cual se ha de cometer el hecho.

Según las atenuantes y los comentarios que han surgido desde la trágica muerte del señor Domingo Rivas, formulan una acusación directa en la que dicen que dicho hecho es producto de las denuncias formuladas en contra de su persona, las cuales fueron presentada por uno de sus concejales en la alcaldía de Villa Vásquez, esto pone de manifiesto que el interés por el poder es el principal elemento para la perdición de la razón en los seres humanos, ya que, sobrepasan los límites y el interés, por el respecto y la tolerancia de la libertad del individuo, en su forma de ser, de actual y de pensar según su racionalidad.

El hecho es lamentable, pero más lamentable es que a pesar de lo sucedido se quiera seguir inculcando la violencia, el odio y la venganza en los que han sido afectado por la tragedia ocurrida.

Se ha de saber que la muerte del señor Rivas deja un vacío entre sus familiares y a llegados, pero la situación no amerita a que por palabras y comentarios se quiera buscar y acusar como responsable a cualquier individuo que dentro de su libertad se exprese de una manera u otra, sin embargo, desde lo ocurrido en Villa Vásquez, no ha habido más que comentario acusativo sobre una persona que en su función representativa no estaba haciendo más que presentar lo que a su ser vio y creyó que no estaba bien, y que, cuya responsabilidad caían sobre el hoy fallecido. El hecho de que el señor Mariano Marcelino Morel hubiera hecho uso de su función para sacar a la luz las premisas que considera verdadera y demostrable no lo califica como el autor intelectual de lo que por medio de ella se llegara hacer, ya que las decisiones de estas índoles son tomada y ejecutada libre y voluntariamente por la persona que la materializa.

Al comenzar este escrito quise tomar la primera frase del monólogo de Hamlet “ser y no ser, ésa es la cuestión”, ya que la situación vivida en Villa Vásquez en estos momentos entroniza a muchos de los ciudadanos en la duda de la verdad, ya que una de las razones por la que el ser humano puede hacer una cuestión de esta manera es, porque es o porque no es, ahí es que esta el detalle.

En cuanto a la opinión que puedo dar al caso es la siguiente, la moral y la ética del señor Alcalde estuvo en juego y probó su inocencia con su vida, pero, no probó con la ley, lo que a demostrarse sería de que su nombre había sido usado por otros bípedos cuyas identidades no se revelan a la sociedad y cuyas marcas no se sienten porque desconocen el significado de lo que verdaderamente significa llamarse político como lo vivió Domingo Rivas, sino más bien, que son la interpretación clásica de Thomas Hobbes, cuando dice que “el hombre es el lobo del otro hombre”, el sentido por el cual el señor Domingo fue víctima de las garras de otros lobos que roían junto a él en los muros del palacio.

Sin embargo, se ha querido acusar de una manera directa a quien no tenga la mayor culpabilidad de lo ocurrido, sino a quien hubiera abierto los ojos de quien hoy falleció por haber mantenido una honorabilidad justa antes los ojos del mundo.

En torno a todo esto queda por decir que no hay mayor justicia que la que procede de Dios, por lo que le deseo a los familiares afectados por esta tragedia mi más sentida condolencia. Mientras que concerniente al pueblo le digo: no más comentarios que insisten al odio, al dolor y a la venganza, sino más bien que apunte hacia una justicia sincera y veraz, donde no se juzgue a la persona por lo que dijo, sino que se investigue la prueba de lo que dijo y de este modo la verdad llegará a la luz.